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lunes, 28 de julio de 2014

París, el primer “Centro Comercial” de la historia.

París es una ciudad fascinante donde el pasado se mezcla con los tiempos modernos, inmersos en una vida vertiginosa.  La energía se renueva con la ola de paseantes que salen a caminar cada día al encuentro con el corazón parisino que da sentido en su totalidad a la palabra perfección.


El encanto de París reside en la capacidad que tiene para adaptarse marcando el ritmo de lo contemporáneo sin perder  su verdadero encanto como  los edificios y monumentos restaurados incluso la música que siempre escuchamos a lo lejos como bella melodía, esta ciudad sabe mezclar la pasión, el trabajo dedicado de las personas,  la sensibilidad y curiosidad.
Las grandes “galerías comerciales”  nacieron sobre todo en la segunda parte del siglo XIX en diversas metrópolis europeas caracterizadas  por audaces construcciones, entre ellas tenemos la Galleria Vittorio Emmanuele II en Milano entre los años  1865-1877, la Kaisergalerie en Berlín entre 1871-1873 destruida en 1944 y el famoso almacén por departamentos GUM en Moscú 1888-1893. Todos estos pasajes de arquitectura citaron a su vez modelos antiguos como la agora griega, el foro romano o el bazar oriental.
La literatura coincide que el primer “centro comercial” al estilo “moderno” fue en EE. UU.  Northgate Center, construido en 1950 en los suburbios de Seattle diseñado por Victor Grue y en 1956 se construyó el primer gran centro comercial, el Southdale Shopping Center cerca de Minneapolis.
Mientras París encierra una historia mas antigua cuando Armand Jean du Plessis, cardenal duque de Richelieu  adquirió de 1623 a 1635 diversas mansiones colindantes con el Louvre con el fin de establecerse en las cercanías del rey Luis XIII y confió al arquitecto Jacques Le Mercier edificar el Palais-Cardinal. Legado al rey, que muere en 1643, el palacio es devuelto a la reina Ana de Austria y a su hijo, el futuro Luis XIV, quien  finalmente llamara a este lugar “Palais-Royal”.  Dado en 1661 a Felipe de Orleans, hermano del rey, se vuelve durante la regencia un punto de citas galantes de la aristocracia libertina, prendada de las cenas tardías. En 1776, el duque de Orleans lo deja a su hijo, el duque de Chartres, mejor conocido como Felipe Igualdad, debido a su pasión por las ideas de la Revolución.  Este decide hacer una reconstrucción completa, y para cumplir con sus deudas, obtiene de Luis XVI el permiso para construir alrededor de jardín pabellones con galerías destinas al comercio con lo que se inauguro así el primer “centro comercial” de la historia. A partir de 1782 las galerías del palacio se vuelven el símbolo viviente de los placeres fáciles e ilícitos. Durante el reinado de Napoleón I, había cerca de 15 restaurantes entre los cuales se encontraba el Café de Chartres que mas tarde seria Le Grand Véfour, y así a través de la historia este emblemático lugar sucede en el tiempo con  controvertidas y escandalosas historias.
En 1789, el restaurante se cubre de oro y se convierte en uno de los cuarteles generales de la Revolución Francesa Fabre; pasada la tempestad Bonaparte desayuna a solas con Josefina bajo los frescos y las arañas.
En 1820, Jean Véfour adquiere el Café de Chartres y le da su nombre. “El Véfour” convirtiéndolo en uno de los restaurantes más suntuosos de la capital. En 1852, los hermanos Tavernier toman posesión del lugar y  le agregan mayor categoría  rebautizándolo como Le Grand Véfour, a mediados del siglo XIX, se vuelve el punto de reunión preferido de los intelectuales y artistas del segundo imperio del romanticismo, cierra entre 1905 y 1945; a finales de  1948, lo compra Raymond Oliver y el éxito total es inmediato en 1983 después de un atentado lo cede a grupo Taittinger, quienes renuevan el lugar clasificándolo como monumento histórico. “Le Grand Véfour” hoy en día es un lujoso restaurante de categoría superior y alta cocina ubicado en 17 Rue Du Beaujolais, en París.

París es emblemático por su historia y antigüedad,  siempre luce joven y dinámico. Su arquitectura le da un aspecto de elegancia, sobriedad y gusto de vivir. Las grandes “galerías comerciales” nacieron en metrópolis europeas y los primeros precursores de los “centros comerciales modernos” aparecieron en EE. UU. en la primera mitad del siglo XX.

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